A lo largo de la historia, en todos los Imperios conocidos, si ha habido algún aspecto sobre el que se haya novelado prolijamente ha sido sobre las conspiraciones.
Según el Diccionario las dos primeras acepciones de este palabro son:
Unirse contra su superior o soberano.
Unirse contra un particular para hacerle daño.
Siempre había algún heredero de rango menor cuya aspiración era ocupar el trono. O un clérigo de provincias que aspiraba a un alto puesto en la organización... En fin siempre había alguién con pretensiones y ambición capaz de alcanzar con cualquier medio el fin que se había propuesto.
En el Imperio sobre el que hemos empezado a escribir las crónicas, también hay conspiraciones, eso si en muchos casos mucho más humildes. Estas no pasan simplemente de evidenciar malas práxis o conductas del personal, más que nada para dejar en evidencia al susodicho, por citar algunos ejemplos estan los del escriba analfabeto dando lecciones, el médico que de hierbas curativas sólo conocía las que el se fumaba o la del sumo sacerdote jugador de dados y apostador en las carreras de caballos
Lo normal en cualquier imperio
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